Cómo probamos nuestras bicicletas: en el laboratorio y en las calles de San Francisco
26 marzo 2026 — Miradas sobre el sectorMiradas sobre el sector
Las bicicletas de uso compartido están diseñadas para una vida sin apenas descanso. Desde el momento en que se despliegan, están en la calle. Expuestas al sol, a la sal, a la lluvia y a miles de usuarios diferentes, las 24 horas del día, los 365 días del año. Crear algo que resista esas condiciones requiere mucho más que buen instinto ingenieril. Requiere años de datos reales, bancos de pruebas diseñados a medida y una atención constante a las personas que dependen de estas bicicletas cada día.
Descubre cómo se diseñan y prueban nuetras bicicletas
Cada componente del ecosistema de Lyft Urban Solutions (LUS) — bicicletas, estaciones, puntos de carga y el software que conecta todo ello — está diseñado para soportar un uso compartido de alta frecuencia. Ese es un reto de diseño fundamentalmente distinto al de una bicicleta de uso personal.
" Estas bicicletas van a estar en la calle, y se van a quedar ahí durante más de diez años”, explica Andrew Titus, Senior Engineering Manager. “Lo que hacemos es condensar toda una vida útil de pruebas en semanas o meses."
Esa compresión del tiempo es justo lo que ocurre en el laboratorio de LUS en San Francisco, un espacio de pruebas de alta fiabilidad que Mike Kimiecik, Field Quality Engineer, describe como el “laboratorio que va un paso más allá”. En sus palabras: “Aquí pasamos de los estándares básicos a condiciones reales, respondiendo a las necesidades de nuestros clientes y exigiéndonos para liderar el mercado en fiabilidad y durabilidad."
Dentro de los laboratorios de LUS, nuestro equipo realiza pruebas que van mucho más allá de las certificaciones del sector. Cámaras ambientales que recrean extremos de temperatura y humedad. Una cámara de niebla salina que simula años de exposición en ciudades costeras en cuestión de semanas. Un banco de rodaje que acumula miles de kilómetros sin un solo ciclista. Y en un espacio dedicado a componentes en movimiento, bancos personalizados someten piezas como bielas, abrazaderas de tija o triángulos de anclaje a decenas de miles de ciclos para entender exactamente cuándo y cómo se desgastan.

La razón por la que estas pruebas son clave, explica Kimiecik, es que los estándares actuales no se diseñaron pensando en el bikeshare.
" Gran parte de lo que hace segura la bicicleta de uso personal es que es una bici para una sola persona. En bikeshare, cada trayecto lo hace un usuario distinto, y para garantizar su seguridad y una experiencia consistente y fiable, tenemos que conocer el vehículo al detalle y llevarlo más allá de los estándares mínimos."
Esa misma lógica se aplica a las pruebas en la calle. San Francisco es el principal campo de pruebas del equipo, no solo por su concentración de talento en ingeniería, sino por lo que Benny Wu, Staff Product Manager, define como “una combinación increíble de infraestructuras ciclistas”: carriles protegidos, tráfico mixto, parques y las famosas cuestas de la ciudad.
" Con las cuestas de San Francisco podemos comprobar que el sistema de asistencia es lo suficientemente potente incluso en terrenos exigentes”, explica. “Y al bajar esas cuestas, probamos los frenos para asegurarnos de que el elemento de seguridad más importante de la bicicleta responde cuando realmente lo necesitas."
Una experiencia segura depende de mucho más que la propia bicicleta. LUS diseña bicicletas, estaciones y software como una infraestructura integrada, donde cada pieza está pensada para mantener el sistema operativo con el máximo tiempo de disponibilida.
La clave está en desarrollar internamente tanto el hardware como el software. “Controlamos toda la pila tecnológica, desde el hardware de la bicicleta hasta el servidor”, explica Andrew Titus, “y eso nos permite controlar la experiencia tanto para los usuarios como para los operadores.” Ese control permite lanzar actualizaciones remotas, desarrollar sistemas de detección de fallos personalizados y ofrecer datos de diagnóstico en tiempo real a los equipos operativos, de modo que una bicicleta que necesita mantenimiento se detecta antes de que se convierta en un problema.
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"El grupo de usuarios es, literalmente, cualquier persona que viva en la ciudad”, afirma Erik Askin, Senior Staff Product Designer. Para cumplir con ese estándar, LUS diseña bicicletas que se adaptan a usuarios desde el percentil 5 hasta el 95 de altura, es decir, desde 1,50 m hasta 1,93 m en un mismo cuadro.
Para muchos, subirse a una bicicleta eléctrica compartida significa volver a montar en bici después de años. Esa realidad influye en cada decisión de diseño. “Cada punto de contacto importa”, explica, desde la abrazadera de la tija que se ajusta al inicio de cada trayecto hasta la pantalla integrada que guía a los nuevos usuarios en el proceso de desbloqueo. El resultado es una experiencia que, por diseño, iguala las condiciones para todos los usuarios, independientemente de su nivel.

Esa misma atención al detalle se refleja también en los componentes. Kimiecik pone como ejemplo la abrazadera de la tija, una pieza pequeña pero clave que cada usuario ajusta en cada trayecto:
" Pensar en esos puntos de contacto que se usan una y otra vez, y hacerlos más fáciles y consistentes, es parte de cómo hemos evolucionado en el desarrollo de nuestros vehículos."
El mejor argumento para invertir en un sistema de bikeshare sólido y confiable no está en el laboratorio. Está en una esquina de New York, viendo pasar un flujo constante de Citi Bikes; o en San Francisco, donde los usuarios de Bay Wheels van al trabajo, quedan con amigos o descubren zonas de la ciudad que nunca habían explorado.
Eso es lo que hace posible un sistema de bicicletas compartidas bien diseñado y rigurosamente probado: no solo movilidad, sino sobre todo conexión. Y todo empieza con un partner dispuesto a ir un paso más allá, dentro y fuera del laboratorio.
¿Quieres ver cómo encaja todo? Descubre el trabajo del equipo de ingeniería y diseño de LUS en el vídeo completo a continuación.